Casi todas las tiendas online tienen textos legales. Muchas menos tienen textos legales que las protejan. La diferencia no está en la extensión ni en la solemnidad, sino en una sola cosa: que describan la operativa real de la tienda. Un texto copiado de otra web describe la operativa de otra empresa, y eso se paga en la primera reclamación.
Los cuatro documentos
El aviso legal identifica al titular con los datos que exige la LSSI (denominación, NIF, domicilio, contacto). Las condiciones generales de venta regulan el proceso de compra e incorporan la información precontractual obligatoria en la venta a distancia: precio total, entrega, desistimiento, garantías y devoluciones. La política de privacidad informa de los tratamientos de datos conforme al RGPD. Y la política de cookies solo es necesaria si la web usa tecnologías de rastreo, pero cuando lo es, exige un sistema de consentimiento previo que funcione de verdad.
Dónde fallan las plantillas
Los fallos se repiten: plazos de entrega que no son los reales, políticas de devolución que prometen más (o menos) de lo que la empresa aplica, excepciones al desistimiento que no corresponden al catálogo, tratamientos de datos que no se declaran y encargados de tratamiento sin contrato. Cada incoherencia es un argumento regalado al reclamante y una infracción potencial ante consumo o ante la AEPD.
La solución no es más texto, sino texto exacto: condiciones que digan lo que la tienda hace y una operativa que haga lo que las condiciones dicen. Explicamos cómo lo trabajamos en las páginas de e-commerce y marketplaces y de protección de datos.